Infolio
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noviembre 2013 | 02
Publicación sobre arte, diseño y educación
ISSN 2255-4564
Infolio 02 # noviembre 2013

Ángel Gutiérrez | La enseñanza de las buenas letras en España

Antes de la aparición de las pr ensas los copistas centraban su interés en el contenido y la decoración de los manuscritos, por lo que no dispensaban demasiada atención al perfeccionamiento de las letras que escribían, limitándose a aplica r un estilo canonizado de escritura, sin otras pretensiones que la claridad y la eficacia. La imprenta dejó sin ocupación a muchos de los amanuenses que hasta entonces se habían dedicado a la copia y trascripción de códices, por lo que tuvieron que cambiar su ocupación intentando demostrar su arte dedicándose a la enseñanza de la escritura; bien como maestros poniendo escuela o divulgando sus destrezas con la pu blicación de tratados de escritura en los que se incluían, además de instrucciones, muestras grab adas de sus caracteres. Manuales que de forma paradójica pudieron ser difundid os gracias a dicha industria. Tr atados impresos de caligrafía llamados Artes de Escribir, que inauguran una larga y prolija tradición europea, constituyendo todo un género bibliográfico, y que arranca con los ma nuales de los italianos Segismundo Fanti y Luis Henricis “El Vicentino” de 1514 y 1522 respectivamente y que inicia en España Juan de Icíar. Los maestros que optaron por la enseñanza ejercieron en tres ámbitos diferentes. En primera instancia la enseñanza civil, —no necesariamente la ica— auspiciada por la tutela de los gobiernos municipales; en segundo lugar la enseñanza desarrollada en el seno de la Iglesia y sus distintas órdenes religiosas; y finalm ente la que adoptaron la burguesía incipiente y la nobleza que se sirvieron de la figura del preceptor para la enseñanza personalizada de sus hijos.[...] + info

Ignacio Vázquez | Interfaz inductivo

Un interfaz gráfico es un instrumento para la interacción entre máquina y usuario, una aproximación a una forma de diálogo que haga más intuitivo y natural la comunicación humana con los dispositivos digitales. Desde que los ordenadore s personales acercaron la interacción a la vida diaria se hicieron necesarios nuevas fórmulas de comunicación que facilitara n el uso de los sistemas a personas sin ningún entrenamiento previo. Co mo sucedió con otras innovaciones no fue la tecnología lo que cambió la vida, sino su transformación en un soporte para la información, el entretenimiento y el aprendizaje accesible a cualquier ser humano. Con la popularización de la tecnología los expertos en informática e ingeniería electrónica dejaron de ser los únicos en el uso de los ordenadores. Desde hace décadas, las personas se enfrentan a la situación de utilizar un ordenador, una tableta, un smartphone o cualquier otro utensilio que sirve para recibir y seleccionar información. Esta revolu ción ha hecho que los usuarios hayan pasado de ser pocos, y especializados, a muchos y diferentes, con experiencias y expectativas tan dispares que obligan a la tecnología a adaptarse al usuario. Por tal motivo, la visión tecnológica centrada en el sistema ha dado paso a una visión centrada en el usuario que ha llevado al desarrollo de un área de conocimiento en torno a la relación entre el hombre y la máquina. Esta relación acabó dando forma a lo que hoy se conoce como Human Computer Interface, la interacción de las personas con los ordenadores. La gente utiliza un gran número de aparatos a los que necesariamente debe adaptarse. En más de una ocasión los dispositivos tienen más controles, más botones de los que el usuario pueda necesitar y, a menudo, más de los que el propio aparato precisa. Todas las funciones que ofrece el sistema, posiblemente, ni siquiera aquellas que podrían serle útiles. Y los problemas pueden ocurrir durante la ejecución de un proceso cuando no es posible saber qué acciones son necesarias para co nseguir un objetivo. Pero también pueden tener lugar cuando el usuario no sabe interpretar los cambios que la acción realizada ha provocado. [...] + info

Manuel Álvarez Junco | Fausta electrónica

Sin la imprenta, la producción de cualquier libro precisaba para cada ejemplar obviamente de un trazo y acabado absolutamente manual, de principio a fin. Cada letra, cada número, cada título, cada ilustración, cada viñeta y cada detalle debían, un a vez esbozados, ser dibujados y resueltos con una plumilla o pincel. Por tanto, una página era algo único e irrepetible y su realización, aparte de cuidado y esmero absoluto, conllevaba la sabiduría, paciencia y tiempo de alguna persona altamente especializada en esa labor, normalmente algún mo nje o escriba. La consecuencia era que fuese impensable la compra de un ejemplar de medi ana calidad por nadie que no fuera un auténtico privilegiado, con mucho interés, dinero, influencia y capacidad de espera. Por darnos hoy una idea, el que un estudiante, por rico que fuera, tuviera un libro de su propiedad era algo entonces inconcebible. La aparición de la imprenta por un lado fue un avance fundamental para nuestra civilización al conseguir, nada más y nada menos, una fácil reprod ucción y una rápida difusi ón de los saberes antes sólo en posesión de unos pocos. El invento, por otro lado, relegó a los copistas a un rincón nostálgico, sentenció al olvido a los hermosos y personales traz os caligráficos, a las iluminaciones particulares de libros, a las capitulares únicas, a las imaginativas soluciones que justifican cada línea de cada párrafo, a los “autores” que se dedicaban a copiar. Sentenció al ocaso a los libros considerados como preciosas obras de arte de singular realización. [...] + info

Norman Bel Geddes| El diseño es una forma de pensamiento

El interés del artista en las maquinas ha servido de fundamento para un nuevo departamento en la industria en el que las relaciones entre el fabrican te de productos y el consumidor alcanzan un nuevo nivel de comprensión y simpatía. La contribución del artista toca la más importante de todas las fases que apuntan a la venta: la psicológica. Llama a la vanidad del consumidor, juega con su imaginación y le da algo que no le aburra. El diseñador de productos industriales sólo puede tener éxito si está imbuido de la convicción de que artefactos tales como las máquinas de escribir, los automóviles, las básculas, los trenes, los ventiladores eléctricos, los radiad ores, los barcos, las estufas, las radios, son dignas de admiración cuando los problemas involucrados se resuelven adecuadamente. Una actitud creativa original que materialice esta convicción en metal, en madera, en cristal, en aluminio, plástico y otros materiales viejos y nuevos es la condición “sine qua non” de la profesión. Un buen ejemplo de esta acertada relación entre us o y apariencia es el puente colgante. Al margen de su tamaño, un puente colgante adecuadament e diseñado tiene la máxima simplicidad. Sus principales elementos sustentadores, los cables, cuelgan entre los soportes tan natural y graciosamente como una cuerda floja. La calzada está suspendida de los cables por unos anclajes regularmente espaciados, la situación y dirección de los cables y los anclajes se ajusta a las líneas naturales de la acción de las tensiones internas, pe rmitiendo el uso más económico del material en su diseño. No hay elementos superfluos o ineficaces. Inevitablemente, cuando todos las partes de las que se compone el puente se ensamblan orgánicamente, la estructura asume una forma satisfactoria. [...] + info

infolio es una publicación independiente que tiene por objeto difundir textos originales centrados en la convergencia del arte, el diseño y la educación y favorecer el debate sobre la influencia que las nuevas tecnologías han de tener en este ámbito de la enseñanza. La revista asimismo quiere también dar a conocer las novedades editoriales relevantes de este campo y hacer llegar aquellas informaciones que puedan ser de interés para sus lectores.
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