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enero 2019 | 12
Publicación sobre arte, diseño y educación
ISSN 2255-4564
Reyner Babham
Sobre la Bauhaus, 1964
Reyner Banham con Tomás Maldonado en la Hocschule für Gestaltung de Ulm, a finales de los años cincuenta
Reyner Banham con Tomás Maldonado en la Hocschule für Gestaltung de Ulm, a finales de los años cincuenta.

Ulm Zeitschrift, 10/11, 1964

 

En 1963 Tomás Maldonado escribió un artículo en la revista de la Hochschule für Gestaltung de Ulm con el título Ist Bauhaus aktuell?, donde resumía y valoraba la por entonces reciente publicación de la monografía de Hans Maria Wingler sobre la Bauhaus (en su edición alemana). Meses después, la revista publicó la correspondencia entre Gropius y Maldonado donde son evidentes las diferencias sobre asuntos relevantes como la relación con Theo van Doesburg y con Hannes Meyer. No deja de ser paradójico que, treinta años después de cerrada la Bauhaus, siguiera siendo asunto de controversia el papel de un Hannes Meyer que había fallecido diez años antes.

 

Reyner Banham

 

La última de las cartas que se publican en ese doble número corresponde al arquitecto británico Reyner Banham, y expresan una posición más independiente que permite valorar con distancia aquella polémica. Banham no ahorra críticas a Gropius y muestra comprensión por la labor de Hannes Meyer al frente de la Bauhaus.

 

Reyner Banham

Londres, 23 de diciembre de 1963

 

Maldonado habla de la existencia de dos Bauhaus bien diferentes, pero en realidad hubo un millón de ellas. Cualquiera para quien la palabra moderno tenga un sentido positivo, ha elaborado sus propios sueños a partir del recuerdo de la Bauhaus, y ha transmitido ese peso a la Hochschule für Gestaltung de Ulm. Si los historiadores tienen alguna responsabilidad sobre lo que ahora sucede (y sobre los hechos del pasado) esa responsabilidad es quitar ese peso y liberar a las instituciones de los grilletes que suponen los rencores y la memoria sentimental. Sin embargo, el historiador, como profesión, prefiere desentrañar misterios, aunque la solución a esos misterios no sea siempre provechosa, ni siquiere interesante; ni para los vivos, ni para los mismos historiadores como hubieran querido suponer.

 

Theo van DoesburgHannes Meyer

 

El misterio acerca de Doesburg y la Bauhaus es hoy irrelevante. Es casi un asunto de amour-propre, cosa de viudas y ancianos. E incluso, si ese asunto se hubiera resuelto, la luz que hubiera podido arrojar sobre el carácter de Gropius sería insignificante.

El misterio en torno a Hannes Meyer tiene a su vez algunos componentes de resentimiento y mitomanía, pero afecta a asuntos más profundos que pueden hoy tener su importancia. Meyer fue llamado a dirigir la Bauhaus en un momento crítico para la vida de cualquier institución de vanguardia que alcanza su primera década de existencia. Es entonces cuando muchas instituciones se acomodan a un sistema rutinario y pierden de vista el sentido del propósito original a medida que los fundadores se dedican a convertir esa gran aventura en una sinecura para su jubilación. A primera vista, los fundadores de la Bauhaus parecen haber tenido el valor de hacerse a un lado y dar paso a un hombre joven.

Pero una indagación más atenta hace sospechar que sencillamente han abandonado la Bauhaus a su suerte. Las dificultades que encontró Meyer cuando intentó mantener el ímpetu inicial de la escuela parecen venir, hasta donde sabemos hoy, de las interferencias de sus predecesores o, al menos, de su falta de apoyo en momentos críticos.
Es cierto que Wingler ha realizado una selección sesgada de documentos en lo que se refiere a Meyer, y con ello ha hecho un escandaloso daño a los educadores del diseño más inquietos (y a la propia profesión de historiador). El problema es que, en ausencia de un estudio independiente y definitivo sobre Meyer, solo unos pocos están en posición de saber de qué manera ha manejado Wingler ese importante material y, sin duda, muchos de ellos han hecho de ello un uso interesado.

Es necesaria una cierta clarificación. Incluso, un nuevo examen de las evidencias disponibles a la luz de algunas experiencias en la última década, sugiere que la Bauhaus de Dessau vivió atormentada por disensiones internas y ambiciones personales de tal envergadura que los nazis solo tuvieron que darle un pequeño empujón para que esa estructura desvencijada se viniera abajo como un castillo de naipes.

Ciertos temperamentos son capaces, para librar a una organización de un adversario, de llegar al extremo de colaborar con grupos hostiles a esa organización misma, de tal manera que, para provocar la caída de un solo hombre, terminan por hundir la organización y a ellos mismo con ella. Esta variedad no es infrecuente entre los artistas, ni entre los alemanes (ni, por desgracia, entre los naturales de otros países). Es difícil creer que un hombre del carácter y la posición de Meyer fuera realmente un “riesgo político” para la Bauhaus.

 

Das Bauhaus, Dessau

 

Por otro lado, los nazis se sentirían aliviados sin duda al ver a ese cabezota (tête dure) fuera del país, y estarían encantados de colaborar con sus adversarios de la Bauhaus para mandarlo a casa. Sobre todo, porque al final tal cosa facilitaría la demolición de la organización en su conjunto.

 

Walter Gropius en la Hochscule fur Gestantlung, octubre de 1955

 

Sin duda, una interpretación así perturbará a los bien pensantes (bien-pensants) y a quienes aún ven a Gropius, a pesar del edificio de la Pan Am, como a un semidios. Pero algunos recientes acontecimientos en Alemania sugieren que no puede despreciarse por inconcebible que parezca, tal interpretación, y que debemos aprender en todo ello. Hay una urgente obligación por parte de los historiadores que tienen acceso a los hechos, de comprobar que se ha aprendido esa lección.

Este tipo de instituciones de vanguardia son estructuras frágiles, que rara vez se mueven a la velocidad a la que deberían hacerlo, ni se adaptan a las maniobras que deben llevar a cabo para ello. Necesitan los mejores sistemas de conducción del mundo y el mínimo de disputas con quien está al volante.

Edificio de la Pan Am. Emery Roth & Sons, Walter Gropius, Pietro Belluschi. Nueva York, 1960, 1963.
Edificio de la Pan Am o de Met Life. Emery Roth & Sons, Walter Gropius, Pietro Belluschi. Nueva York, 1960, 1963.
Reyner Banham
2019. Infolio. Traducción y notas, Eugenio Vega
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